Los zares vuelven al Kremlin

Gorro monómaco, que los monarcas rusos se ponían sólo en el día de su coronación antes de la aparición en el siglo XVIII de la Corona Imperial de Rusia.

Gorro monómaco, que los monarcas rusos se ponían sólo en el día de su coronación antes de la aparición en el siglo XVIII de la Corona Imperial de Rusia.

“Por primera vez exponemos nuestra colección de las coronaciones, que se fue formando aquí en el Kremlin a lo largo de los tiempos medievales, la Edad Moderna, y hasta finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX”, explica Yelena Marshakova, empleada de la Armería del Kremlin.

Un evento que tardó años en organizarse, pero que ofrece a quienes visiten la capital rusa antes del próximo 22 de enero –fecha de su clausura– una oportunidad única de admirar las 400 piezas que acompañaban el sagrado ritual de la entronización en Rusia.

Entre esos inapreciables atributos colocados en las vitrinas del campanario Uspénskaya y el Palacio del Patriarca, que forman parte del complejo del Kremlin, pueden verse los símbolos de la autoridad más importantes en la historia rusa.

Así es el orbe de Alejo I de Rusia (1629 – 1676), una joya que representa al globo terráqueo, cubierto con preciosas gemas y rematado con una cruz, insignia que junto con el cetro eran emblemas de poder indispensables en la monarquía rusa.

Otra joya de la exposición que atrae todas las miradas es la corona de la emperatriz Anna Ioánovna (1693 – 1740) incrustada con centenares de diamantes y una turmalina de 100 gramos.

Esta corona, al igual que el manto de la emperatriz Aleksandra Fiódorovna (1872 – 1918) de casi cinco metros de longitud, causa una gran admiración por su tamaño y la cantidad de piedras preciosas.

Otras influencias

Marshakova recuerda que los organizadores de todas las ceremonias relacionadas con la ascensión al trono ruso seguían atentamente las reglas y procedimientos de las monarquías occidentales, en particular, de la española.
Fue Catalina I quien se colocó, por primera vez, la nueva Corona Imperial de Rusia, también parte de la exposición, y de ella arrancó la famosa época de mujeres en el poder en la Rusia zarista.

“(Los rusos) también estudiaban minuciosamente las coronaciones y las bodas de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII”, añade la experta.

Imagen del orbe y cetro del primer zar de la dinastía Romanov, Mijaíl Fiódorovich (Miguel I de Rusia), que se expone en el Kremlin de Moscú.

Imagen del orbe y cetro del primer zar de la dinastía Romanov, Mijaíl Fiódorovich (Miguel I de Rusia), que se expone en el Kremlin de Moscú.

Además, la monarquía rusa emulaba algunos detalles de la coronación de los monarcas suecos, “sobre todo prestaban atención a la coronación de la reina Ulrica Leonor de Suecia”, según Marshakova.

Otras influencias foráneas que se contemplan en el vestuario de los zares rusos son elementos orientales reflejados en los míticos gorros de monómaco, antiguas coronas que los monarcas rusos se ponían solo el día de su coronación antes de la aparición, en el siglo XVIII, de la Corona Imperial de Rusia.

Son varias las suposiciones sobre las raíces del gorro monómaco: una leyenda narra que el gorro fue otorgado al gran príncipe de Kiev, Vladímir Monomaj (1053 – 1125), por el emperador Constantino Monómaco, en el siglo XII, como símbolo de la herencia de la autocracia rusa desde el Imperio bizantino. Mientras, otros historiadores afirman que fue un regalo de Mohammad Öz-Beg (1282 – 1341), conocido como Uzbeg, sultán y príncipe mongol de la Horda de Oro, a Iván Kalitá (1288 – 1340), gran príncipe de Moscú y Vladímir.

Además de las vestimentas de “su majestad”, la exposición incluye numerosos vestuarios y la ropa de sacerdotes, nobleza y militares rusos, sin los que era imposible imaginar la ceremonia de la ascensión al trono.
Numerosos manifiestos, estampas, libros y fotografías repasan de forma minuciosa y detallada lo que era el procedimiento de la ascensión al trono ruso.

A través de aquellos testimonios históricos se puede observar la entrada del emperador y su familia en la capital rusa por el Arco de Triunfo, rituales de la propia coronación en la Catedral de la Dormición, las felicitaciones por sus familiares y legaciones diplomáticas, las comidas en el Palacio de las Facetas y en el Palacio de Oro, otrora principales salones de banquetes del Kremlin.

La muestra permite captar el ambiente desde la época en la que fue coronado, el 22 de julio de 1613, el primer zar de la casa Romanov, Miguel I de Rusia (1596 – 1645), hasta los momentos de la espectacular coronación del último emperador, Nicolás II, en mayo de 1896.

Su asesinato en 1917 por los bolcheviques en la ciudad de Yekaterimburgo, en los Urales, puso fin a la dinastía Romanov y marcó la caída definitiva de la monarquía rusa.

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