Navidad en el viejo continente

Mercado tradicional en el Palacio de Schönbrunn de Viena.

Mercado tradicional en el Palacio de Schönbrunn de Viena.

Del norte al sur, del este al oeste, del Mediterráneo al Báltico, de las grandes ciudades ibéricas al frío anglosajón pasando por las emblemáticas urbes del corazón de Europa, el Viejo Continente se vuelca con la Navidad. Los mercadillos y los puestos navideños son una buena prueba de ello. Trazamos un viaje imaginario de casi ocho mil kilómetros tras su pista, quizá el mejor escenario para celebrar estos días del año.

Madrid

Comenzamos en el sur europeo, en la capital española. El termómetro marca 5ºC. El lugar emblemático se sitúa en la Plaza Mayor, donde se levantan puestos callejeros con disfraces, máscaras, árboles de Navidad, parafernalia decorativa y bombas fétidas –los niños las tiran en lugares que quieren ambientar con un simpático olor desagradable–. La atmósfera es festiva y desenfadada, una suerte de remedo de los carnavales. Si entra hambre, el clásico es el bocadillo de calamares que sirven los bares castizos de los soportales de la plaza. Muy cerca de aquí se halla la Puerta del Sol, que la noche del 31 de diciembre a las 00.00h se llena de gente que da la bienvenida al año con una superstición: comer 12 uvas con las últimas 12 campanadas del año para llamar a la buena suerte.

Barcelona

  Mercado de Navidad en el Gendarmenmarkt de Berlín.

Mercado de Navidad en el Gendarmenmarkt de Berlín.

De Madrid a la Ciudad Condal, a 600 kilómetros. El termómetro sube unos grados y el tiempo es frío pero suave y mediterráneo. Aquí hay que visitar la Fira de Santa Llúcia, un tradicional mercado de Navidad que se celebra desde hace 227 años. Su origen se remonta a 1786. El escenario es inmejorable: pleno barrio gótico, en los aledaños de la catedral. Los puestos o paradas se dividen en cuatro sectores artesanales: belenes, vegetación –árboles de Navidad naturales y artificiales, musgo, ramas de eucalipto y tiós de varios tamaños: un tronco que según la tradición llega cargado de regalos–, artesanía y, por último, zambombas e instrumentos navideños. Un elemento clásico es el caganer, una figura agazapada con los pantalones hasta los tobillos que realiza sus necesidades y que no falta en ningún belén catalán. Cada año, el caganer adopta la imagen de un personaje de actualidad.

Milán

Ponemos rumbo al frío y hacemos escala en la capital de la Lombardía. Milán no es la ciudad más bonita de Italia, Roma, Venecia y Florencia se disputan ese trono, pero sí es una de las mejor vestidas. Y en Navidad, se pone sus mejores galas. Basta darse un paseo por la piazza del Duomo, la exuberante catedral gótica. La calle Largo Corsia dei Servi, entre la Plaza del Duomo y la Plaza San Babila, monta un elegante mercado de la artesanía que se prolonga hasta el 6 de enero. La noche de fin de año no hay que olvidar cenar lentejas, como hacen los italianos, para asegurarse un año de bienes.

 Mercadillo navideño en el centro de Berlín.

Mercadillo navideño en el centro de Berlín.

Praga

De Italia a la República Checa. El termómetro muestra valores negativos. Bufanda, guantes, gorro. A las cuatro de la tarde ya es de noche. En la capital de Bohemia el epicentro de la Navidad se encuentra en la plaza más bella de Europa –bueno, quizá, es cuestión de gustos–, Staromestské Námestí o Plaza de la Ciudad Vieja, en checo. A la espalda del famoso reloj astronómico construido en el siglo XV por el maestro Hanus, una hilera de casetas de madera sirven vino caliente, ponche, salchichas, queso frito y palacinky –crepes checos–. También hay puestos de artesanías, marionetas y ornamentos tradicionales. Frente a ellos, un árbol gigante de Navidad ilumina la plaza. Las agujas góticas de la iglesia de Nuestra Señora de Tyn parecen besar el cielo. Sí, es la plaza más bella de Europa.

Viena

Cuatrocientos kilómetros rumbo al este y llegamos a la capital austriaca. En Austria los mercados de Navidad se llaman weihnachtsmärkte y se inauguran a mediados de noviembre. En la Rathausplatz de Viena (plaza del Ayuntamiento) se instala el mercado tradicional del Christkindlmarkt. En el mismo ayuntamiento se programan conciertos gratuitos de villancicos cantados por coros internacionales. Otro mercado tradicional es el del Palacio de Schönbrunn, que reúne a artesanos especializados en joyería y ornamentación para los árboles de Navidad. Una tercera opción: el Mercado de Adviento del Palacio de Belvedere, un mercado con un emplazamiento aristocrático, nada menos que la antigua residencia de verano del príncipe Eugenio de Saboya.

12Berlín

Seguimos en el frío y la temperatura apenas varía. Lo que se multiplican son las opciones. La ciudad está salpicada con al menos 60 mercados diferentes, tanto en plazas y bulevares como escondidos en calles laterales. Destacan los de Alexanderplatz y Potsdamer Platz, el mercadillo tradicional del casco antiguo de Spandau, y los puestos que alegran las calles de los vecindarios de Neukölln y Prenzlauer Berg. Las delicias protagonistas son el dulce de pan de especias, el vino caliente y –cómo no– las salchichas. Resulta muy recomendable, ahora y el resto del año, dar buena cuenta de una currywurst, la salchicha alemana cocida o asada a la parrilla, acompañada de salsa de tomate y curry en polvo.

Tallin

La capital de Estonia es una joya en el mar Báltico. En Navidad, el mercado de la Plaza del Ayuntamiento ofrece una estampa tan coqueta y singular que parece una maqueta de juguete. Junto al árbol de Navidad, las casetas de madera venden diferentes artesanías, como sombreros de lana, colchas, pantuflas, cerámicas, utensilios de cocina y velas hechas a mano. No faltan el vino caliente con especias y las galletas de jengibre. Ni la música, porque en el mercado de Tallin hay actuaciones de folclore en directo. Por cierto, una recomendación: detrás de la Plaza del Ayuntamiento y junto a la iglesia de San Nicolás, en la calle Harju, se esconde una fabulosa pista de patinaje sobre hielo.

 'Weihnachtsmärkte' en la capital austriaca, Viena.

‘Weihnachtsmärkte’ en la capital austriaca, Viena.

Cardiff

Llegamos al final de nuestro viaje imaginario por la Navidad europea. Tras recorrer cerca de ocho mil kilómetros llegamos a Cardiff, la capital galesa. Hay motivos. El 22 de noviembre se inaugura Winter Wonderland en The Civic Centre, un escenario festivo que incluye una gran pista de patinaje sobre hielo, puestos de comida típica y, sobre todo, Star Ride, la vertiginosa noria de 60 metros de altura, un modelo único en todo el Reino Unido que concede unas espectaculares vistas de Cardiff en plena Navidad. Y además, junto a la iglesia St. John, en The Hayes & St. John Street, se establece el tradicional y luminoso mercado de Navidad de Cardiff, una mina para los que persigan productos artesanales galeses.

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