Natal, paraíso brasileño que se abre al mundo

4La ciudad de Natal, en el extremo noreste de Brasil, bañada por las cálidas aguas del Atlántico, se prepara para dar un salto turístico como una de las ciudades sede del Mundial de Fútbol 2014.

Natal, que en español quiere decir Navidad, tiene una posición estratégica en un país continente como Brasil. Situada unos grados abajo de la línea del Ecuador, donde el mapa de Brasil hace la curva hacia el sur,  goza de clima tropical la mayor parte del año y está en el camino entre Europa y grandes centros urbanos, como Río de Janeiro y Sao Paulo.

Esta privilegiada posición fue aprovechada durante la Segunda Guerra Mundial por Estados Unidos, que construyó la base militar de Parnamirim como punto de escala y abastecimiento de los aviones aliados que volaban de Norteamérica a Africa.

Ahora los visitantes que recibe son miles de turistas, buena parte de ellos europeos, que llegan hasta Natal, capital del estado de Río Grande do Norte, para tostarse bajo el tórrido sol en alguna de las playas que, a lo largo de diez kilómetros, bordean la urbe, o en las dunas que le dan un toque desértico al paisaje, tanto que a algún empresario se le ocurrió hace unos años importar dromedarios para paseos turísticos en la playa de Jenipabu.

2Mejorando sus infraestructuras
Las dunas dan nombre al estadio que se construye aquí para el Mundial de 2014, el Arena das Dunas, que tendrá capacidad para 42.000 personas y recibirá cuatro partidos de la primera fase del Mundial, entre ellos uno de la selección cabeza de serie del Grupo D.

La gobernadora de Río Grande do Norte, Rosalba Ciarlini, señaló recientemente al visitar las obras del estadio que la ciudad está mejorando sus infraestructuras para acoger a todos los turistas que traiga consigo el evento, lo que incluye la construcción de seis hoteles, un nuevo aeropuerto internacional y un metro en superficie.

Todo ello servirá para conocer las múltiples maravillas que tiene esta ciudad con poco más de 800.000 habitantes y que van, desde las dunas y las playas, hasta antiguas fortificaciones portuguesas.

Cuando el turista termine de remojarse y broncearse, puede visitar la fortaleza de los Reyes Magos, llamada así porque su construcción empezó un 6 de enero y que data de finales del siglo XVI, lo que la convierte en uno de sus edificios más antiguos.
Con forma de estrella de cinco puntas, esta fortaleza se construyó para defender los intereses de Portugal de los ataques franceses que, a lo largo del siglo XVII, asediaron la costa nororiental del país. Todavía conserva sus cañones de bronce, a la vez que permite unas maravillosas vistas de la playa.

También en la costa, junto al morro de Mãe Luiza, se encuentra un faro del mismo nombre, de 37 metros de altura, que fue inaugurado en 1951 y puede ser visitado para apreciar desde lo alto una vista panorámica de toda la ciudad.

Al pasear por sus calles  los visitantes pueden perderse entre la contemporánea catedral metropolitana, inaugurada en 1988, la barroca iglesia de San Antonio o el centro de turismo, construido a finales del siglo XIX y con múltiples tiendas de artesanía.
También se pueden acercar a la Capitanía das Artes o al teatro Alberto Maranhão, de estilo neoclásico, o visitar el Palacio Potengi, una antigua sede administrativa de dos plantas que hoy funciona como pinacoteca.

1Arte y gastronomía
Si lo suyo son los museos, destaca el dedicado al expresidente brasileño João Café Filho, originario de la ciudad, o el de arte sacro.
En cambio, si prefiere pasear, tiene que hacerlo por la Rua Chile, donde todavía se mantienen muchos edificios construidos con piedra y cal a comienzos del siglo XIX, con fachadas de muy variados colores.

También existe la posibilidad de “perderse” por la naturaleza; además de pasear por la playa, los turistas pueden recorrer las apreciadas dunas de Natal en “buggies” e, incluso, hacer excursiones de varios días por el Estado subidos a estos vehículos.
A la hora de comer, gozan de buena fama el restaurante Camarões, donde preparan los camarones  en múltiples variedades, así como el Mangai. A las costumbres gastronómicas de los primeros pobladores de la región deben su gentilicio los nacidos en el estado de Río Grande do Norte, llamados “potiguares”, que quiere decir “comedores de camarones”, como los indios que encontraron los portugueses al desembarcar en el siglo XVI.

También se puede optar por otros locales que ofrecen platos basados en tapioca, harina extraída de la mandioca, con la cual se fabrica una especie de crepes con diversos complementos dulces o salados.

Y para terminar el día, Natal tiene una rica oferta nocturna, con bares y discotecas, entre los que destacan los situados en torno a la Playa de la Ponta Negra, o los del barrio de Petrópolis.

Ahora que el Mundial está casi a la vuelta de la esquina, parece una buena oportunidad para conocer la ciudad que seguro no defraudará.

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