Historias de un hotel de lujo y chocolate

La imponente fachada del Hotel Sacher.

La imponente fachada del Hotel Sacher.

Hoy el Hotel Sacher sigue siendo uno de los mejores de Viena, con una localización junto a la Opera y al museo Albertina, además de unos salones  y un spa envidiables.

John Lennon y Yoko Ono recibieron a los periodistas totalmente desnudos bajo las sábanas y les invitaron a acostarse con ellos durante la entrevista.

Orson Welles bebió el mejor Bloody Mary del mundo. Romy Schneider llegó de la mano de Alain Delon para comenzar una tórrida historia de amor y se fue con el papel de Sissi después de que el productor de cine Hubert Marischka la viera sentada junto a un busto de la Emperatriz Elisabeth.

El lujo de la junior suite.

El lujo de la junior suite.

Por estas y por otras muchas historias el elegante hotel de la calle Philharmonikerstraße luce como un escenario de leyenda. La cosa viene de lejos, de 1876 en concreto, el año en el que Alexander Bell inventó el teléfono, cuando el hotel abre con el nombre de Hotel de l’Opera en el lugar donde Beethoven había interpretado por primera vez su Novena Sinfonía. El propietario es el restaurador Eduard Sacher, a la sazón hijo del pastelero Franz Sacher y quizá uno de los inventores más reverenciados del siglo XIX.

En 1832, aún aprendiz de cocina con apenas 16 años, un imberbe pero goloso Franz preparó por primera vez una tarta inmortal, la sachertorte. Se pueden contar muchas historias protagonizadas por figuras célebres pero ciertamente el Hotel Sacher es una leyenda por su torta de chocolate. Franz Sacher trabajaba en los fogones del príncipe Metternich y un noble pasaba por la cocina cuando la probó por primera vez. “¿Qué nombre tiene esta delicia?”, preguntó. Los sirvientes vacilaron por un momento hasta que les llegó la ocurrencia, el apellido del cocinero: “Sacher, señor. El nombre es sachertorte”.

Años más tarde, Eduard apostó por el invento de su padre y rebautizó el hotel. Desde finales del XIX se llamaría Hotel Sacher.

 

El restaurante Anna Sacher.

El restaurante Anna Sacher.

Receta casi secreta
La gastronomía vienesa cuenta con tres actores protagonistas: el gulasch, los knödel (albóndigas hechas de una masa de patatas o miga de pan) y el schnitzel o escalope de ternera. Curiosamente, sus orígenes son foráneos, el gulasch procede de Hungría, los knödel de Bohemia –en la actual República Checa– y el escalope tiene cuna milanesa. Sólo el postre, el cuarto gran actor protagonista, es ciento por ciento vienés. La receta de la sachertorte es secreta, pero su fórmula la reveló una de las chicas judías que trabajaban en el café durante la ocupación nazi en los años 30 del siglo pasado: se mezclan 150 gramos de mantequilla, 150 gramos de chocolate caliente, 150 gramos de azúcar espolvoreado y seis yemas de huevo, y se les añade unas cucharadas de harina, albaricoque, maicena y el blanco de los seis huevos. Se cubre con más chocolate y todo al horno.

Su factura es totalmente artesanal. Cada día se rompen 14.000 huevos a mano en las cocinas del hotel. En verano, se forman sus buenas colas, aunque la sachertorte se puede encargar desde Viena, Hong-Kong o Guayaquil. El hotel la envía en una caja de madera que la conserva fresca hasta 21 días.

Tras la muerte del fundador Eduard Sacher, su viuda Anna, una mujer carismática, hija de carnicero, se puso los pantalones y gobernó con mano firme y aristocrática el hotel. Su máxima era “l’hotel est moi!”. Vaya si lo era. Aficionada a los puros habanos y a coleccionar mascotas –en Viena se rumoreaba que alimentaba a sus perros con caviar–, el Sacher se convirtió bajo su dirección en el destino elegido de oficiales húngaros, burócratas vieneses, nobles polacos, príncipes de Bohemia, archiduques y, cómo no, el emperador Francisco José, el marido de Sissi.

Anna Sacher murió el 25 de febrero de 1930 y más de diez mil personas lloraron su pérdida. Entre ellos, Felix Salten, el creador de Bambi, que la idolatraba.

 

Uno de las lujosas estancias del Sacher.

Uno de las lujosas estancias del Sacher.

Tiempos difíciles
Al Hotel Sacher le esperaban años duros, con la ocupación nazi y el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial. En su fachada, como en la totalidad de los principales edificios vieneses, ondearon banderas nazis. Los bombardeos aliados destrozaron buena parte de la calle, incluido el teatro de la ópera. El Sacher, afortunadamente, quedó indemne. Quien mejor describe este periodo histórico es Graham Greene en su fascinante novela El tercer hombre. De hecho, el protagonista, Rollo Martins (protagonizado por el actor Joseph Cotton), se aloja en el Hotel Sacher.

“Me había despedido para siempre de Harry una semana antes, cuando su ataúd descendió en la helada tierra de febrero, de manera que no di crédito a mis ojos cuando le vi pasar, sin el menor indicio de que me reconociera, entre la multitud de extraños del Strand”.

Graham Greene tan sólo contaba con este párrafo cuando Alexander Korda le pidió un guión sobre la ocupación aliada de Viena tras la Segunda Guerra Mundial para que Carol Reed lo hiciera película. Y estaba seco, sin inspiración. Para encontrarla, decidió viajar a Viena y alojarse en el Sacher. Aquí, entre cafés y pasteles de chocolate y obras de arte, hiló curiosamente una sórdida trama de tráfico clandestino de penicilina y persecuciones en las cloacas de la ciudad que es hoy todo un clásico del cine.

Graham Greene contaba con buenos contactos en el servicio secreto británico y con una ciudad en plena posguerra ocupada por soviéticos, norteamericanos, británicos y franceses, pero fue capital, como Greene recordó en alguna ocasión, que Korda le consiguiera una habitación en el Sacher, alojamiento que era coto de altos oficiales.

Hoy el Hotel Sacher sigue siendo uno de los mejores hoteles de Viena. Desde algunas de las suites puede contemplar cómo ensayan las bailarinas del Ballet Nacional en tutú. El restaurante Anna Sacher está decorado con una colección de cuadros de Anton Faistauer e iluminado por las primeras arañas eléctricas que se usaron en Viena. Grace Kelly, la reina Isabel II y John F. Kennedy han sido otros de sus huéspedes.

Y en las habitaciones del hotel, hasta los jabones tienen aroma de chocolate.

Hotel Sacher: Philharmonikerstraße 4.
Viena 1010. Austria. Tel.: +4301514560;
www.sacher.com

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Categorías: vip

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