La Sorbona, orgullo de la intelectualidad francesa

El escritor peruano Mario Vargas Llosa (i) recibe de manos del presidente de la Universidad Sorbona Nouvelle, Bernard Bosredon, el titulo de Doctor Honoris Causa de la Sorbona.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa (i) recibe de manos del presidente de la Universidad Sorbona Nouvelle, Bernard Bosredon, el titulo de Doctor Honoris Causa de la Sorbona.

El edificio de la Sorbona, en el distrito número cinco de París, la conocida construcción del siglo XVII, uno de los monumentos más famosos de la capital francesa, traduce en piedra uno de los orgullos de Francia.

Identificada como la Universidad de París para el mundo, la institución que sigue estando para muchos asociada a la protesta de los jóvenes estudiantes de 1968 ha sido durante cientos de años considerada uno de los focos esenciales de la creación de la cultura y la ciencia europeas. Y, sin embargo, la Sorbona no es propiamente la Universidad de París, o al menos no lo ha sido siempre. Fue en su origen uno de los colegios que florecieron en el mismo lugar en el que ahora está, en el París medieval de la Montaigne Sainte-Geneviève.

En pleno siglo XIII, la zona en la que ahora abundan librerías, tiendas de moda y algún pequeño cine de los de “arte y ensayo”, era el lugar en el que se concentraban los estudiantes que llegaban a la urbe.

El presidente francés, François Hollande, toma la palabra durante su participación en el Foro de la Democracia Territorial en la Universidad de la Sorbona en París, Francia, el  5 de octubre de 2012.

El presidente francés, François Hollande, toma la palabra durante su participación en el Foro de la Democracia Territorial en la Universidad de la Sorbona en París, Francia, el 5 de octubre de 2012.

El colegio fue fundado en 1257 por Robert de Sorbon, y de ahí el nombre de la institución; sin embargo, no era propiamente la Universidad, ni se puede decir que París llevara la delantera a otros países, puesto que Italia, Inglaterra y España ya tenían las suyas establecidas en Bolonia, Oxford y Salamanca, respectivamente.

El colegio de Sorbon se implantó en el corazón medieval de París como la institución de enseñanza teológica por definición y con los años adquirió el prestigio que le hizo ser conocida como “la Sorbona” en todas partes.

Era, por lo tanto, la institución que, junto con otros colegios, formó con el tiempo la Universidad de París, nombre con el que se le asoció mundialmente. El colegio de Sorbon se convirtió en uno de los más importantes de la Facultad de Teología, junto con los de Navarre, el del Cardenal Lemoine y el Collège de Cholets; pero fue en aquel donde, en 1469, se instaló la primera imprenta de Francia, paso esencial de la cultura occidental.

Como la propia institución afirma, enseguida el colegio empezó a desempeñar “un papel creciente en la vida del Reino de Francia, participando activamente en el debate intelectual y prosiguiendo sin pausa su labor de enseñanza”.

 

Una de las entradas de la Universidad de la Sorbona.

Una de las entradas de la Universidad de la Sorbona.

Debate intelectual
En el Renacimiento ya el nombre de la Sorbona se asociaba con la Facultad de Teología, aunque no se limitaba a esta disciplina, sino que era un lugar de debate intelectual y con los años llegó a ser la institución por la que habrían de pasar quienes tenían intención de servir al Estado.

Muchos nombres están asociados a la entidad, pero seguro que pocos como uno de sus grandes protectores y patrocinadores, el del cardenal Richelieu, quien en 1622, y buscando un lugar en el que pudieran descansar sus restos una vez muerto, ordenó la construcción de una capilla.

Con el paso del tiempo otros edificios vinieron a completar la obra: entre 1881 y 1901 se unificaron los existentes y es la imagen que ahora nos queda en pleno siglo XXI.

Durante la Ilustración, la Sorbona se alejó progresivamente del control de la monarquía y de la religión, preludio de un papel laico que con la Revolución Francesa se afianzó: su capilla se transformó, en 1794, en “templo de la diosa Razón” y, ya bajo el Consulado y el Imperio, en taller de artistas.

Ya en el siglo XX la Sorbona estaba destinada a convertirse en uno de los centros de referencia mundiales de la ciencia y la intelectualidad. Varios premios Nobel dieron a la institución el prestigio y lustre necesarios para servir de referencia internacional.
Pierre y Marie Curie estuvieron en la lista de premiados con el codiciado galardón, pero el prestigio internacional que atribuyó a la Sorbona no fue suficiente para que la venerable institución modificara ni su sede ni su estructura y organización.

En los años de la década de 1930 el número de estudiantes alcanzó los 14.500, el 41% de los cuales eran mujeres, con un 30% de extranjeros, que se podían alojar en la recién creada Ciudad Universitaria Internacional.

Posteriormente, la II Guerra Mundial causó un trauma a la institución: numerosos estudiantes y prestigiosos docentes fueron apartados por aplicación de las leyes antijudías del régimen de Vichy, colaborador del invasor nazi.

El número de estudiantes volvió a experimentar un incremento espectacular ya llegada la paz: en 1965 eran 61.400 y preludiaba una masificación que las estructuras anticuadas de la Sorbona ya no podían soportar.

Fue el caldo de cultivo de la contestación de 1968, aunque es cierto que la Sorbona ya tenía una tradición contestataria desde hacía décadas, pues había sido destacado lugar de debate y confrontación intelectual.

Mayo del 68
Aunque los eventos revolucionarios de mayo de 1968 no comenzaron en la Sorbona, sino en una de las nuevas facultades creadas más recientemente, el movimiento hizo de las venerables instalaciones del distrito quinto de París el foco de difusión de la contestación estudiantil.

Una de las consecuencias del movimiento de protesta que se extendió por todo el mundo fue precisamente el que tuvo un impacto decisivo en la estructura de la Sorbona: primero se crearon nueve universidades distintas en la capital, que luego se ampliaron a trece.
En el actual edificio histórico, sede de la Sorbona, tienen sus instalaciones varias de esas nuevas entidades surgidas de la reorganización universitaria post-1968: la Paris-Panthéon Sorbonne es una de ellas y la más importante de la ciudad.
Pero también aloja, entre otras, a París-III (lenguas, artes, ciencias humanas y sociales), París V (la más prestigiosa Facultad de Medicina del país) o el rectorado de la Academia de París, que reúne a la administración del Ministerio de Educación Nacional encargada de la gestión de escuelas, colegios y liceos de la capital francesa.

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