Christian Lacroix: Reescribiendo la moda

Atuendo de la colección otoño-invierno 2009-2010 de Lacroix.

Atuendo de la colección otoño-invierno 2009-2010 de Lacroix.

Creaciones inundadas de folclore, glamour y excentricidad, esta es la propuesta que el diseñador francés ha hecho siempre en las pasarelas, aún en medio de la crisis.

Se requiere de mucha creatividad y ser bastante observador para llegar a convertirse en un artista del diseño. Probablemente, estas dos características fueron las que llevaron a Christian Lacroix a hacer de la moda, su gran pasión. Intrépido y original, logró imprimir un estilo que ha roto esquemas. La influencia española que tuvo en sus años de estudio ha tenido un papel importante a lo largo del proceso creativo del modisto francés, quien, entre sus accesorios preferidos tiene a las cruces, como complementos de algunos de sus vestuarios.

Sus orígenes
Christian Lacroix nació en Arlés, al sur de Francia, en 1951. Su infancia estuvo marcada por los paisajes de La Camarga (Camargue), las ruinas galo-romanas, la tauromaquia, los recorridos provenzales y la presencia de los gitanos. Luego de culminar sus estudios secundarios acudió a la Universidad de Montpellier, donde cursó la carrera de Historia del Arte y, poco tiempo después, con la intención de convertirse en curador de museos, viajó a París.

Allí se formó en la Sorbona, para luego pasar a la prestigiosa Ecole du Louvre, en 1973. Ese mismo año, conoció a la que posteriormente se convertiría en su esposa, Françoise, quien además fue la persona que lo impulsó a incursionar en el mundo del diseño. En 1978, comenzó a trabajar en Hermès, por mediación de Jean-Jacques Picart y, en 1981 ingresó en la Casa Jean Patou, donde asumió el reto de la alta costura. Cinco año más tarde, su talentoso trabajo lo hizo merecedor de un primer Dedal de Oro.

 

Christian Lacroix.

Christian Lacroix.

Su alta costura
En 1987, junto a Bernard Arnault –dueño del consorcio de lujo LVMH (Louis Vuitton-Moët-Hennessy)–, Lacroix fundó su casa de modas, en el número 73 de la calle Faubourg-Saint-Honoré, en París, revolucionando así las pasarelas con un estilo desenfadado, lujoso y a la vez juvenil, de líneas recargadas y llenas de glamour.

El mismo año obtuvo un premio como el creador extranjero más influyente, otorgado por el CFDA en Nueva York. Creó también una línea de Prêt-à-porter, con diseños inspirados en diversas culturas. En 1989, lanzó colecciones de joyas, carteras, zapatos, gafas, bufandas y corbatas y, ese mismo año, inauguró tiendas en París, Arlés, Toulouse, Londres, Ginebra y Japón.

Más allá de las pasarelas

Además de sus actividades relacionadas con el mundo de la moda, el espíritu inquieto de este modisto lo llevó a diseñar trajes para el teatro, llegando a recibir el Molière como Mejor Creativo de trajes para Phèdre en la Comédie Française (más adelante recibe el mismo premio por el vestuario de la obra Cyrano de Bergerac). En el 2002 obtuvo la insignia de Caballero de la Legión de Honor con motivo de los 15 años de su casa de modas. Fue nombrado director artístico de la casa florentina Emilio Pucci (de 2002 a 2005) y, en el 2003 inicia una asociación para la creación de uniformes de Air France.

Tiembla el imperio
No obstante, ni el gran renombre del que disfrutó durante las décadas de 1980 y 1990 fue suficiente para afrontar los problemas económicos de su firma. Su última colección de alta costura, presentada en julio de 2009, marcó el final de la era Lacroix en el campo de la moda. Tuvo que despedir al casi 90% del personal de su hasta entonces imperio. Finalmente, se vio obligado a cerrar sus talleres, se declaró en bancarrota y tuvo que vender sus almacenes alrededor del mundo.

Sus atuendos tienen mucha influencia española

Sus atuendos tienen mucha influencia española

Textiles dramáticos
Sus propuestas son la perfecta combinación de tradición y modernidad, tanto en el caso de la Alta Costura como del prêt-à-porter, que se presenta estos días.

Mangas abullonadas, faldas pouf, plumas, drapeados y bordados recargados, todo en colores estridentes, con rayas y flores, sobre terciopelos, sedas, gasas y encajes; así, inspirado en la Camargue francesa –su lugar de nacimiento–, Lacroix creó un estilo suntuoso y desmesurado, y cargó de fantasía las pasarelas con creaciones repletas de excentricidad, historia y tradición. Por sus colecciones para la casa Patou fue señalado como el que marcó un antes y un después en la historia de la alta costura. ¿Algo que confiesa que nunca diseñaría? “Armas… a menos que tuviera que usarlas para defender algo que considero valioso para mí y los míos”.

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