Lanvin: Renaciendo al glamour

La más antigua casa de modas parisina reinventa su sofisticado estilo y vuelve con nuevas colecciones llenas de encanto y buen gusto.

Durante años, la casa Lanvin fue conocida como “la bella durmiente de la moda”. La firma francesa permaneció por largo tiempo en una especie de sueño profundo, lejos del brillo, el glamour y la sofisticación del mundo de la moda y las pasarelas. No era ni la sombra de lo que fue en sus inicios, de la mano de su creadora.

Jeanne-Marie Lanvin nació en París, el 1 de enero de 1867. Estilista y diseñadora de moda, ella es la responsable de fundar la legendaria casa Lanvin, sinónimo de lujo y glamour ¿Cómo nace la firma? En 1885, Jeanne Marie puso su primer taller de sombreros y, posteriormente, en 1889, abrió su primera boutique en la Rou Boissy d’Anglas.

Paralelamente a su trabajo, tuvo una hija, llamada Marie-Blanche, en quien se inspiró para dar vida a una colección infantil, que llamó la atención de varias mujeres de aquella época, quienes no dudaron en encargarle algunas copias de los atuendos para sus niñas.
En 1909, lanzó una colección para mujeres, llegando a convertirse en una diseñadora reconocida por sus elegantes vestidos con bordados, adornos con cuentas y cortes sinuosos. Luego logró abrir su boutique en el Faubourg Saint Honoré de París.

Alber Elbaz, director creativo de Lanvin.

Alber Elbaz, director creativo de Lanvin.

Llega la expansión
Más adelante, allá por el año 1923, Lanvin era dueña de una fábrica de tintes –situada en la ciudad de Nanterre–, la que levantó con el fin de poder registrar sus propios colores y así conservar su exclusividad. Tal fue el impacto de su sello, que durante 1920, la diseñadora inauguró tiendas dedicadas a la decoración, a la ropa masculina, a las pieles y a la lencería. Y en 1924, fundó Lanvin Parfums S.A., logrando la mayor expansión de su marca, gracias también a la creación, en 1927, de su legendaria fragancia, Arpège, y posteriormente, de My Sin, otro de sus perfumes.
Considerada como una de las diseñadoras de moda más influyentes de los años 20 y 30, Jeanne-Marie alcanzó un talento y habilidad para el diseño de moda, que la llevaron a crear su marca personal.

De mano en mano
Jeanne murió en 1946, pero varios diseñadores continuaron lanzando colecciones para la casa de modas, de hecho, su hija, Marie-Blanche, permaneció como dueña de esta hasta que falleció, en 1958.
El control de la tienda ha pasado por varios propietarios. Hasta finales de los 80, la compañía fue propiedad de la familia, concretamente de Bernard Lanvin (sobrino-nieto de Jeanne) y su esposa Maryll. A principios de 1989, los problemas económicos obligaron a Bernard a vender el 34% de las acciones al Midland Bank londinense, y a mediados del mismo año, el banco aumentó su participación hasta el 40%, retirando de su cargo de diseñadora a Maryll Lanvin. Luego, pasó a manos de Claude Montana, Orcofi, miembro de la familia Louis Vuitton y, en 1996 L’Oreal compra, poco a poco, todas las acciones de Orcofi.
El tiempo transcurre y la casa Lanvin renuncia a la alta costura y prácticamente se limita a las licencias comerciales y a los perfumes… Parecía haberse apagado la llama de su esplendor.

 

Con la llegada de Elbaz a Lanvin, la firma ha recuperado el glamour que la caracterizó desde sus inicios.

Con la llegada de Elbaz a Lanvin, la firma ha recuperado el glamour que la caracterizó desde sus inicios.

La era Elbaz
Desde el 2001, Alber Elbaz se convirtió en el nuevo genio y creativo principal de Lanvin, quien devolvió a la firma el glamour y estilo de sus inicios. Nacido en Casablanca, Marruecos, Elbaz creció junto a su mamá, una artista española, luego de que su padre, un barbero israelí, muriera cuando Alber era un niño. Siendo aún un niño y tras la pérdida, él y su madre emigraron a Israel. Una vez cumplido el servicio militar obligatorio y después de estudiar diseño en el Shenkar College of Textile Technology and Fashion en Tel Aviv, se fue a EE.UU., donde logró adquirir una valiosa formación en el campo de la moda, cuando estuvo radicado en Nueva York, ciudad en la que además obtuvo su primer trabajo. Durante siete años, fue la mano derecha del difunto Geoffrey Beene, modisto de la clase alta de la costa este, junto a quien se dio a conocer, al punto de que en 1996, Elbaz fue nombrado director de prêt-à-porter de Guy Laroche en París, donde permaneció casi tres años. Después, pasó a Yves Saint Laurent, donde logró captar a una clientela más joven; de hecho Chloë Sevigny lució uno de sus vestidos en una alfombra roja de los premios Oscar. No obstante, tiempo después, el grupo Gucci compró la compañía YSL y el puesto principal como creativo fue para Tom Ford.

Vestido de la colección ready-to-wear otoño invierno 2013-2014 de Lanvin.

Vestido de la colección ready-to-wear otoño invierno 2013-2014 de Lanvin.

Al poco tiempo, Shaw-Lan Wang, un magnate de origen taiwanés, se convirtió en el nuevo dueño de la casa Lanvin, a la cual, hasta ese momento, nadie había conseguido devolverle la majestuosidad que tuvo con Jeanne. El empresario oriental confió en Alber, quien en el 2001 pudo levantar la firma que, en pocos años, no solo ha recuperado su esplendor original sino que se ha ubicado entre las más prestigiosas casas de moda francesas, despertando a una nueva era. “El nombramiento de Alber Elbaz marca un antes y un después en Lanvin…”.

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