Diane Von Furstenberg sus confesiones

Esta diseñadora de moda hace un recuento de su vida sentimental y, especialmente, de su trabajo, el que la ha llevado a vender su marca en 70 países

Con una carrera de fábula que ha subido y ocasionalmente bajado durante más de 41 años, era fácil ver por qué incluso Diane Von Furstenberg podía cansarse de hablar de ella. “Ah, nunca llegaremos al final con todos estos detalles”, dijo a Fern Mallis durante una charla a fondo en el 92Y, en el Cultural Institution and Community Center, en Nueva York.

Tenían mucho terreno por cubrir al rastrear cómo es que una belga de mentalidad independiente, se casa con un príncipe alemán, pone su propia compañía, tiene dos hijos, crea un icónico vestido envolvente y, eventualmente, una etiqueta mundial de estilo de vida que se vende en más de 70 países y 45 boutiques. En el camino, se divorció de su primer esposo, se fue a vivir a París durante un tiempo, viajó a Estados Unidos y se divirtió en Studio 54, se casó con Barry Diller, promovió el proyecto High Line, se volvió ciudadana estadounidense, creó los premios DVF, ganó la presea Logro de por Vida del Consejo de Diseñadores de Moda de Estados Unidos (CFDA, por sus siglas en inglés) y se hizo su presidenta.

No planea aminorar su agenda de trabajo. Y con la mitad de su riqueza personal comprometida con la Fundación Bill & Melinda Gates, tiene abundantes incentivos para que se le sigan ocurriendo ideas. “Bueno, simplemente te comprometes y sigues pagando”, dijo Von Furstenberg respecto al acuerdo.

Con 65 años, esta diseñadora de moda cuenta sobre algunos puntos importantes en su carrera, la importancia de las redes sociales, la salida de Yvan Mispelaere de DVF y su relación con Barry Diller.

  • Sobre la salida de Yvan Mispelaere como director creativo de DVF. Yvan era un diseñador verdaderamente talentoso y se unió a DVF hace más de tres años y fue muy útil. Y creo que la pasó bien y que fue una forma muy distinta de ver y hacer la moda. Sintió que su misión estaba lograda, así que se fue.
  • Sobre usar lentes con tecnología de Google en su último desfile. Sergey Brin –director ejecutivo de Google– es un hombre muy agradable. Lo vi este verano y tenía puesta esta barra sobre los ojos con un pequeño cuadrado en la parte de atrás. Le pregunté qué era y me llevó detrás de un árbol porque no quería que nadie más viera, y me los dio. Tiene una pequeña pantalla y cuando das un golpecito en la sien, es una computadora; puede filmar, tomar fotos y hacer todo tipo de cosas. Me llamó un par de días después y me dijo que teníamos que hacer algo con Glass en el desfile. Los lentes pueden filmar, así que se los pusimos a algunas modelos, a la artista de maquillaje y a algunas personas de la audiencia. Yvan, Sergey y yo usamos los lentes y la grabación, DVF Through Glassm, fue publicada en YouTube y DVF.com.
  • Sobre estar al día con los seguidores de Twitter. En Estados Unidos tengo 425000 y en China otros 609000 followers, y soy completamente adicta. Me despierto cada mañana y reviso cuántos seguidores chinos más tengo. Sólo para que se den una idea de lo rápido que es todo, el domingo tenía 600000 y esta noche 609000.
  • Sobre conservar el vigor. La mañana del desfile para la temporada primavera-verano, realizada el pasado septiembre, estaba muy cansada. Había tenido una semana tan difícil con pruebas y todas esas cosas. Me miré al espejo y me vi tan derrotada que me dije: “No puedo dejarme vencer”. Voy a una muestra de moda y mil personas vienen, así que me cuelgo de cabeza para que la sangre me llegue al cerebro. Tengo una pared para yoga. Después pensé: “Listo, voy a salir victoriosa”. Luego, les dije a las chicas que sonrieran.
  • Sobre su esposo, Barry Diller. Cuando conocí a Barry, quien en ese entonces presidía Paramount Pictures, pensé que sería bueno ser su amiga. Me llamó al otro día y cenamos. Después me pidió que fuera a Los Angeles y nos enamoramos apasionadamente. Vivimos juntos cinco años. Siempre supimos que de alguna forma, eventualmente nos casaríamos en cierto punto. Para su cumpleaños en el 2001 no sabía qué darle, así que le dije: “Bueno, si quieres, me caso contigo”. Ese fue su regalo. El me obsequió 26 anillos, uno por cada año que no estuvimos casados. Cada vez que una amiga está triste, le doy uno. Todavía me quedan muchos.

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Categorías: moda y tendencias

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